A continuación, muestro algunos de los aspectos matemáticos que debemos trabajar en esta etapa y la relación con la vida cotidiana del alumnado. Tenemos que tener esto muy en cuenta para que los conocimientos se puedan relacionar de una manera adecuada con la vida diaria del alumnado y, así lograr un aprendizaje más significativo.
Durante este ciclo es importante velar
para que los niños y niñas organicen el conocimiento que tienen de las cosas
que les rodean. Al inicio de este período tienen conocimientos aislados;
reconocen, por ejemplo, un perro o una flor, saben que una galleta se puede
comer y un caramelo también; pero será durante el primer año que pasarán a
conocerlas como cosas inconexas, a organizarlas a fuerza de darse cuenta de las
semejanzas y las diferencias que existen entre ellas, y de agruparlas según
diversas características.
Este proceso es progresivo y avanza
siempre en una dirección clara: substituir las cosas concretas por una
característica que englobe a muchas de ellas, es decir, se trata de ordenar
todo lo que se tiene en la cabeza, todo lo que se conoce, en grupos, en
compartimentos de los cuales hay que recordar la característica.
Es imprescindible iniciar este proceso
de estructuración mental para poder hacer matemáticas. El conocimiento
matemático se basa precisamente en las relaciones que se pueden crear entre
objetos, grupos de objetos y situaciones, utilizando un lenguaje que reduce la
complejidad de las cosas reales a algunas características que las definen.
En este ciclo también es importante
ayudar a tomar consciencia y a comprender los aspectos de la vida cotidiana que
hacen referencia a la cantidad. De un día para otro, utilizamos muchas
expresiones como “no tengo suficiente”, “¡Uf, cómo pesa!” y muchas otras que
expresan cantidad. La matemática se ocupa de manera especial de la medida y la
expresión de la cantidad y ofrece los instrumentos y el lenguaje necesarios
para referirnos a ellas. Durante la Educación Infantil la cantidad debería
ocupar más que el número, y por ello, dedicarla más tiempo. Por ejemplo, a
comparar y a decidir qué objeto es el más grande, a ver si hay suficientes o
faltan, a igualar, y una vez comprobado que no hay la misma cantidad, decidir
si se debe añadir o quitar, etc., es decir, a hacer acciones que resalten la
cantidad y que permitan experimentar, los números y las unidades de medida, que
irán aprendiendo sólo si tienen como base una buena experimentación con la
cantidad.
La matemática también se ocupa de los
temas relacionados con el conocimiento del espacio y el tiempo. Concretamente,
en geometría, se hacen propuestas para desarrollar una primera representación
mental del espacio y de las formas y para conocer características y
transformaciones, la percepción y organización del tiempo es un tema que se
trabaja más en bloque de medida y consiste en ayudar a detectar las
repeticiones (las partes del día, los días de la semana, los meses del año,
etc.) y a situarse en el presente teniendo claro qué paso antes y qué vendrá
después. Una organización clara del espacio y del tiempo es necesaria para
cualquier otro aprendizaje e influye decisivamente en temas como: la ordenación
de cantidades o números, la posibilidad de comparar cantidades prescindiendo de
si ocupan más o menos espacio, la elaboración de estrategias para la medida,...
Es necesario en los niños ir tejiendo una representación mental del espacio y
del tiempo, basados en el movimiento y las experiencias psicomotrices, que poco
a poco, permitan comunicar y comprender descripciones (aunque no vayan siempre
acompañadas de desplazamiento o acción).
En el ciclo de 3 a 6 años son claves aspectos
referentes a los contenidos de enseñanza, como la estructuración lógica, los
aspectos de cantidad y los de situación del espacio y el tiempo, y los
referentes a cómo se aprende y cómo se enseñan las matemáticas. Por ello, es
importante destacar la importancia de todos los momentos de convivencia con el
niño (tanto los educativos programados como los espontáneos que pueden llegar a
ser más significativos) y la importancia de conseguir que el niño esté activo
mentalmente, por lo que es básico que la intervención del adulto tome forma de
pregunta o de invitación y que busque la verbalización como testimonio de la
actividad mental.
Extraído del "Trabajo de Geometría" de 2º curso del Grado de Educación Infantil.
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