Hoy os voy a hablar de una serie de actitudes que debe poseer un maestro o maestra que quiera desarrollar de una manera correcta el pensamiento matemático del alumnado en la etapa de Educación Infantil.
Todas las actitudes que
desarrollen la autonomía del niño favorecen también el desarrollo de su
pensamiento matemático, puesto que éste supone una construcción desde dentro,
algo que únicamente el propio alumno puede hacer.
- Es fundamental crear un clima de confianza en el aula, que el niño se sienta acogido y envuelto en afectividad, puesto que se cubrirá esta necesidad básica y estará en condiciones de poder aprender.
- Estar en posición de dar explicaciones y de que éstas sean verdaderas. Debemos presentar al niño un pensamiento capaz de relacionar unas cosas con otras y que se desenvuelva en el ámbito de la sinceridad, un pensamiento coherente que no se desmorone, para que se vaya dejando huella en él.
- Otra actitud que debe poseer el educador es la de tener una doble sencillez. Por un lado, sencillez para ponerse a la altura del niño y, por otro, sencillez para reconocer que no siempre el niño va a aprender de él, que también puede aprender de otros niños. De la teoría de Piaget se deriva que el juego posee un valor fundamental.
- Otra actitud que debe tener el educador es la de estar en vigilia siempre, conociendo el momento en el que se encuentra el niño para presentarle una situación más dificultosa y le haga movilizarse para crear estrategias de búsqueda de soluciones. Esta búsqueda y encuentro de soluciones reorganizarán todo el pensamiento anterior logrando un pensamiento más maduro. El maestro podrá presentar situaciones de conflicto abiertas, dejando libertad para que el niño emplee las estrategias que crea oportunas para salir de ellas.
- Una actitud de aliento, que estimule, ayudará al niño a salir del conflicto. Sin embargo, una actitud de censura no conducirá más que al fracaso y a que el niño no confíe en su propio pensamiento.
- Debe animar al niño a que relacione, haciéndole preguntas en las que pueda comparar objetos o situaciones. Esta actitud de pregunta es para que el niño convierta su pensamiento en algo dinámico, no para que conteste lo que nosotros queremos oir. El ideal sería que no se sintiese forzado a dar siempre una respuesta correcta, ya que esto lleva a que verbalice lo que se quiere oír, guardándose para sí la respuesta que ha elaborado si no coincide con la del adulto. Esto reforzará su autonomía intelectual.
- Esta forma de aprendizaje desde dentro, esta construcción del pensamiento, es lenta y laboriosa, por ello el maestro debe tener una actitud paciente con respecto al tiempo que pueda costar al alumnado dar unos resultados. La actitud paciente y observadora del maestro o la maestra en cu trabajo cotidiano serían suficientes para conocer el nivel de conocimiento adquirido por el niño.
Extraído de: Lahora, C. (2009). "Actividades matemáticas con niñas y niños de 0 a 6 años". Madrid: Narcea.
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